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El castillo
Nueve siglos de historia 

Château la Commaraine
Nueve siglos de historia

La historia de La Commaraine comienza en el siglo XII, cuando el castillo se convierte en uno de los feudos de los Duques de Borgoña. En 1193, la propiedad fue entregada a Jean de Pommard, caballero al servicio del duque Eudes III, como recompensa por su valentía. A lo largo de los siglos, familias influyentes, figuras de la corte y generaciones de viticultores han contribuido a forjar su identidad.

En 1787, Thomas Jefferson, de paso por Borgoña, descubrió los vinos de La Commaraine, que calificó de «excelente calidad», antes de encargar varias decenas de botellas. Más tarde, la familia Jaboulet-Vercherre acompañó el desarrollo de la finca y reforzó su prestigio más allá de las fronteras francesas.

En 2017, Denise Dupré y Mark Nunnelly adquirieron el castillo con la ambición de devolverle su lugar en la vida de Pommard. Tras varios años de restauración, La Commaraine inicia un nuevo capítulo de su historia, fiel a su legado vitivinícola y resueltamente orientada hacia el futuro.

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Château la Commaraine
Restaurar sin borrar jamás

El renacimiento del Château La Commaraine fue confiado al arquitecto Richard Martinet y al estudio Affine Design, responsables de proyectos emblemáticos como el Hôtel de Crillon, The Peninsula Paris o La Réserve de Beaulieu. Llevada a cabo junto con los Bâtiments de France, esta restauración fue concebida como un trabajo de lectura y transmisión: preservar las huellas del pasado, recuperar la coherencia del lugar e integrar nuevos usos sin alterar nunca su alma.

Esta espectacular restauración se apoyó en el saber hacer de numerosos artesanos franceses y borgoñones: canteros, carpinteros, techadores, ebanistas y paisajistas. Cada detalle celebra el trabajo manual y la identidad regional, desde la piedra blanca con tonos ocres, arena o rosados, hasta las carpinterías y los tejados antiguos.

Château la Commaraine
Un castillo al ritmo de las viñas

Corazón histórico de la finca, el Clos de la Commaraine se extiende sobre 3,63 hectáreas de una sola pieza, clasificadas bajo la denominación Pommard Premier Cru. La finca representa un total de 7,48 hectáreas repartidas entre varios climas borgoñones, desde Chambolle-Musigny hasta Saint-Aubin. Bajo la dirección de Paul Krug, viticultor, ingeniero agrónomo y enólogo, las viñas se cultivan siguiendo los principios de la biodinámica. Cada parcela es estudiada, observada y acompañada para revelar su expresión más auténtica.

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Reconstruida en el mismo corazón del castillo, la bodega permite a los huéspedes acercarse al trabajo del vino. Las visitas, catas y encuentros con el equipo de la finca revelan los gestos, los suelos y el tiempo que dan forma a cada cosecha.

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Un lugar vivo, hoy como ayer

Al reabrir sus puertas, el Château la Commaraine recupera su lugar en el corazón de Pommard: el de una casa que reúne, acoge e irradia. Un lugar donde la historia no se contempla a distancia, sino que continúa en cada gesto, cada encuentro y cada estación. Un lugar al que se viene para descubrir Borgoña y al que se vuelve para sentirla de otra manera.

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